La ermita de Santa Elena está a 3,8 kilómetros al norte de Biescas, encaramada en un promontorio de la sierra Tendeñera, sobre el desfiladero del río Gállego. Es uno de los lugares más queridos del Valle de Tena, y de los pocos donde en un mismo paseo se juntan una ermita del siglo XIII, un fuerte militar abandonado, dos dólmenes de la Edad del Cobre y una cascada.
La ruta en un vistazo
Dónde
3,8 km al norte de Biescas, junto a la A-136
Desde Casa Biescas
Unos 7 km · poco más de 10 min en coche
A pie (PR-HU 78)
11,4 km ida y vuelta · +270 m · 3 h 35 min
Dificultad
Fácil · MIDE 1-2-2-3
Inicio a pie
Barrio de La Peña, Biescas
Cuándo
Todo el año. Romerías en junio, Pentecostés y agosto
Cómo llegar a la ermita de Santa Elena
En coche es lo más sencillo: se sale de Biescas por la A-136 en dirección al Valle de Tena y en pocos minutos aparece el desvío señalizado. Desde Casa Biescas son unos 7 kilómetros, poco más de diez minutos. Hay que dejar el coche en la zona habilitada y subir el último tramo andando —en torno a 1,7 kilómetros cuesta arriba—, así que conviene llevar calzado de calle en condiciones, no chanclas.
A pie desde Biescas, la ruta es el sendero señalizado PR-HU 78, que arranca del barrio de La Peña, al norte del pueblo. Son 11,4 kilómetros ida y vuelta con 270 metros de desnivel y unas tres horas y media largas, casi todo por bosque y sin repechos duros. Es una de las caminatas más agradecidas de la zona para quien quiere andar sin sufrir.

Qué ver cuando llegas
La ermita. Su origen está a principios del siglo XIII, cuando se levantó una capilla en honor de Elena de Constantinopla. Lo que se ve hoy es el resultado de siglos de reformas.
El fuerte de Santa Elena. Se construyó en época de Felipe II para vigilar el paso del Gállego, lo amplió Carlos III, quedó parcialmente destruido en 1808 durante la invasión napoleónica y se reedificó entre 1884 y 1889. Hoy está abandonado, y esa es justo la razón por la que impresiona.
Los dólmenes. El dolmen de Santa Elena tiene unos cinco mil años y fue reconstruido en los años setenta. En 2018 apareció un segundo dolmen que había quedado sepultado bajo los escombros de una cantera.
La cascada, la capilla de Santa Engracia y el calendario celta, un grupo de árboles plantados siguiendo la tradición celta. Por el camino hay paneles que explican la flora, la geología y el flysch pirenaico, que aquí se lee en la roca como si fueran páginas.

La leyenda
Cuenta la tradición que Santa Elena se refugió de sus perseguidores en una cueva junto al Gállego, y que allí brotó un manantial que todavía se conoce como la fuente de la Gloriosa. Otra versión, más ingeniosa, dice que se sentó del revés en la llamada fuente de la Silla para dejar las huellas al contrario y despistar a quienes la seguían.
Las romerías
La ermita sigue siendo un lugar de peregrinación vivo, con tres citas al año:
- 13 de junio, fiesta de San Antonio.
- Pentecostés, la Romería de las Cruces: suben representantes de todos los pueblos del valle con sus cruces parroquiales. Es la más bonita de las tres y la que menos conocen los de fuera.
- 18 de agosto, festividad de Santa Elena.
Nuestro consejo
Casi todo el mundo aparca, hace la foto a la ermita y se vuelve al coche en veinte minutos. Es una pena, porque lo mejor está justo al lado y no se ve desde el aparcamiento: a la izquierda de la ermita bajan unas escaleras hasta una cascada, y enfrente están el fuerte y los dos dólmenes.
Si vas con niños, este es de los sitios que mejor funcionan del valle: hay poco desnivel, hay agua, hay un castillo de verdad que explorar y hay piedras de hace cinco mil años. Dale una hora larga en vez de veinte minutos.

Y después
Si te ha sabido a poco, el valle tiene más de lo mismo a pocos minutos: qué ver en Biescas, otras rutas de senderismo cerca de Gavín, los pueblos del Valle de Tena y la guía de senderismo del Pirineo. Si vas con niños, Lacuniacha está muy cerca.
Los búnkeres de la Línea P
Lo que casi nadie asocia con este sitio. En las laderas que rodean el fuerte se conserva un conjunto de construcciones militares levantadas entre los años cuarenta y cincuenta para cerrar el paso desde la frontera. Son parte de la llamada Línea P, una cadena de fortificaciones que recorre todo el Pirineo y que durante décadas fue secreto oficial.
Un sendero señalizado enlaza varias posiciones hacia Polituara, con cartelería que explica cada una. Es de poco desnivel y funciona especialmente bien con adolescentes: la mezcla de bosque, hormigón camuflado y troneras asomadas al desfiladero engancha más que cualquier mirador.
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