Búbal: el pueblo que expropiaron dos veces

Descubrir, Naturaleza

Actualizado · 19 de septiembre de 2026

Todo el mundo en el Valle de Tena conoce el embalse de Búbal. Casi nadie sabe que Búbal era antes un pueblo, ni que ese pueblo sigue en pie por encima del agua.

Su historia es dura y poco común en el valle: lo expropiaron, lo vaciaron, demolieron la parte baja, y lo que quedó arriba acabó convertido en algo que nadie habría imaginado.

La plaza de Búbal, pueblo del Valle de Tena junto al embalse
La plaza de Búbal, en la parte alta del pueblo, la que el agua no se llevó. · Foto: Alehadero, CC BY-SA 4.0, vía Wikimedia Commons

1961: la expropiación

Búbal fue expropiado en 1961, bajo la Confederación Hidrográfica del Ebro, para construir el embalse que hoy lleva su nombre. El pantano inundó la parte baja del pueblo, y las casas que quedaron bajo cota fueron demolidas. En total, la obra anegó 234 hectáreas de terreno.

Pero aquí está el detalle que convierte esta historia en otra cosa: la parte alta del pueblo también fue expropiada, pese a que el agua nunca llegó hasta allí. Se vació igual. Los vecinos resistieron una década más y el pueblo quedó definitivamente abandonado en 1971.

Lo que Búbal era antes

Hasta 1836, Búbal formó parte del quiñón de la Partacua junto con Tramacastilla, Sandiniés, Escarrilla, Piedrafita y Saqués: uno de los tres territorios históricos en los que se dividía el valle de Tena y que gestionaban en común pastos, montes y agua.

Es decir, Búbal no era un caserío perdido: era una de las seis piezas de un sistema que llevaba siglos funcionando. Cuando llegó el embalse no desapareció solo un pueblo; se le arrancó una pieza a un mecanismo entero.

1984: el pueblo vuelve, pero de otra manera

En 1984, la parte alta de Búbal —la que se había expropiado sin necesidad— entró en el Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados (PRUEPA), en el que participan el Gobierno de Aragón y varios ministerios.

Desde entonces, Búbal no es un pueblo de vecinos ni un pueblo de segundas residencias: es un centro educativo. Grupos de escolares y de estudiantes pasan temporadas allí conviviendo, trabajando y aprendiendo sobre el medio rural, en el mismo caserío de piedra que se vació en 1971. Lleva así cuatro décadas.

La mayor parte del conjunto está rehabilitada, incluida su iglesia parroquial de San Martín, del siglo XVIII, que se recuperó y forma parte de las instalaciones del centro.

Iglesia de San Martín de Búbal, Valle de Tena, Huesca
La iglesia de San Martín, del siglo XVIII, rehabilitada. · Foto: GFreihalter, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

La diferencia con Lanuza

Merece la pena poner los dos casos uno al lado del otro, porque cuentan dos finales distintos para el mismo problema.

Lanuza se vació por el embalse y volvió por sus propios vecinos: antiguos habitantes y descendientes que desde los años noventa compraron, limpiaron y levantaron casa por casa. Hoy es un pueblo habitado, con ropa tendida y gente que vuelve cada verano.

Búbal se vació por el mismo motivo y volvió por un programa del Estado, convertido en otra cosa: un sitio donde se enseña. Nadie ha vuelto a vivir allí de forma permanente.

Dos pueblos del mismo valle, con la misma herida y dos cicatrices completamente distintas. Verlos el mismo día es una buena forma de entender el Valle de Tena.

Casas de piedra de Búbal, pueblo recuperado del Valle de Tena
Casas de piedra rehabilitadas en la parte alta de Búbal. · Foto: GFreihalter, CC BY-SA 3.0, vía Wikimedia Commons

Cómo se visita Búbal (y qué hay que entender antes)

Esto es lo más importante de esta página, así que va en claro: Búbal no es un pueblo turístico. Es un centro educativo en funcionamiento, con grupos alojados dentro. No se entra a curiosear por las casas como en Lanuza, ni hay bares, ni tiendas, ni servicios para el visitante.

Lo que sí se puede hacer es verlo desde fuera y entender lo que se está mirando: el caserío de piedra en la ladera, el embalse abajo donde estaba la mitad del pueblo, y la iglesia de San Martín asomando entre los tejados. Con la historia en la cabeza, esa vista vale el desvío.

Si se quiere visitar el interior o conocer el programa, hay que contactar previamente con el centro. Aparecer sin avisar no es la forma.

El embalse, desde arriba

El mejor sitio para entender la escala de lo que pasó no es Búbal: es Hoz de Jaca, justo enfrente. Desde su mirador del Muro se ve el embalse entero y se sitúa de un vistazo dónde estaba la parte baja del pueblo y hasta dónde llegó el agua.

Es un ejercicio que recomendamos a los huéspedes que se interesan por la historia del valle: primero el mirador de Hoz, luego Búbal de cerca, y de remate Lanuza. En media jornada se entiende medio siglo.

Los pueblos que el Gállego se llevó

Búbal no fue un caso aislado. El río Gállego se embalsó en dos puntos del valle, y en cada uno hubo un pueblo que pagó la factura: Búbal, con el embalse que lleva su nombre, y Lanuza, unos kilómetros más arriba.

A esos hay que sumar Saqués, que también formaba parte del quiñón de la Partacua y que hoy prácticamente no existe. Seis pueblos formaban aquel territorio común: hoy tres siguen vivos con normalidad, uno volvió por sus vecinos, otro es un centro educativo y del último apenas queda el nombre.

Contado así, el Valle de Tena que hoy se recorre en coche es el resultado de una transformación bastante más violenta de lo que sugiere el paisaje.

Cuándo ir

Como la visita es exterior, funciona todo el año. Otoño es probablemente lo mejor: el embalse suele estar más bajo, la orilla se ve distinta y el bosque acompaña. En primavera, con el deshielo, el pantano llena y el conjunto se ve tal y como se proyectó.

Un detalle nada menor: cuando el nivel baja mucho a final de verano, asoman restos de lo que quedó debajo. No es un espectáculo, pero es un recordatorio bastante elocuente de que ahí abajo hubo algo.

Cómo llegar

Búbal está junto al embalse ,en la zona media del valle, al lado de la A-136 . Consulta el mapaantes de ir .

Está cerca de la casa y se combina fácil con cualquier plan de la zona media del valle.

Qué se pierde cuando se vacía un pueblo

Es fácil leer estas cifras —1961, 1971, 234 hectáreas— y quedarse en la anécdota. Pero lo que desaparece cuando se vacía un pueblo de montaña no son solo casas.

Desaparece el manejo del monte: quién siega qué prado, cuándo sube el ganado, qué senda se limpia cada primavera. Ese conocimiento no está escrito en ningún sitio y se va con la última familia que se marcha. Por eso en muchas laderas del Pirineo el bosque ha avanzado sobre antiguos pastos en cincuenta años: no es que la naturaleza «se recupere», es que ya no hay nadie haciendo lo que se hacía.

Desaparece también la gestión común. El quiñón de la Partacua funcionaba porque seis pueblos se ponían de acuerdo. Quita dos y el acuerdo deja de tener sentido.

Y desaparece el relevo. Los que se fueron de Búbal en 1971 no volvieron, y sus hijos ya no tenían a dónde volver. A Lanuza sí volvieron, y esa es toda la diferencia entre un pueblo vivo y un pueblo rehabilitado.

Por qué contamos esto

Casa Biescas está cerca de aquí, en Gavín, un pueblo al que no le tocó el embalse. Pero el valle en el que recibimos a los huéspedes es este: uno al que en el último medio siglo le han cambiado el río, la carretera y la mitad de los pueblos.

Nos parece que quien viene unos días merece saberlo. No para amargarle el viaje, sino porque mirar el embalse de Búbal sabiendo lo que hay debajo es una experiencia bastante distinta de mirar un lago bonito de camino a las pistas.

Preguntas frecuentes

¿Búbal está bajo el agua?
Solo la parte baja. El embalse inundó el sector inferior del pueblo y esas casas fueron demolidas; la parte alta sigue en pie, aunque también fue expropiada aunque el agua nunca llegó hasta allí.

¿Cuándo se abandonó?
La expropiación fue en 1961 y el abandono definitivo, en 1971. La obra del embalse anegó 234 hectáreas.

¿Se puede visitar?
Es un centro educativo en funcionamiento, no un pueblo turístico. Se puede ver desde fuera; para entrar o conocer el programa hay que contactar antes con el centro.

¿Vive alguien en Búbal?
No de forma permanente. Desde 1984 el pueblo alberga grupos de estudiantes dentro del Programa de Recuperación de Pueblos Abandonados.

¿Qué queda de la iglesia?
La parroquial de San Martín, del siglo XVIII, fue rehabilitada y forma parte del conjunto recuperado.

¿Qué era el quiñón de la Partacua?
Uno de los tres territorios históricos del valle de Tena. Búbal formó parte de él hasta 1836, junto con Tramacastilla, Sandiniés, Escarrilla, Piedrafita y Saqués.

¿Dónde se ve mejor el embalse?
Desde el mirador del Muro, en Hoz de Jaca, justo enfrente.

Cerca de la casa

Casa Biescas está en Gavín, cerca del embalse de Búbal, en el municipio de Biescas, puerta de acceso al Valle de Tena. Casa entera para hasta nueve personas, sin compartir con nadie, con jardín y chimenea.

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Este pueblo es uno de los once que hay entre Sabiñánigo y Sallent de Gállego. Están todos, con lo que tiene cada uno y en qué orden verlos, en los pueblos más bonitos cerca de Biescas y Sabiñánigo.

Casa Biescas, en Gavín

Casa Biescas está en Gavín, una entidad local menor del municipio de Biescas, en la comarca del Alto Gállego.

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