Actualizado · 18 de septiembre de 2026
El Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, además de un paisaje de una belleza fuera de lo común, guarda un patrimonio faunístico de primer orden. Aquí conviven, en un espacio relativamente pequeño, especies de valle y especies de alta montaña, porque la orografía crea hábitats muy distintos a pocos kilómetros unos de otros.
En total hay catalogadas 65 especies de avesnidificantes, 32 de mamíferos, 8 de reptiles y 6 de anfibios, algunas de ellas endémicas de estos valles. Esta es la guía de lo que se puede ver de verdad durante una excursión normal, y dónde mirar.
Lo que se ve de verdad
En las paredes
quebrantahuesos y buitre leonado
En las laderas altas
sarrios, casi a diario
En los pedregales
marmotas, se oyen antes de verse
En el hayedo
pito negro y ardillas
La mejor hora
primera de la mañana
Lo que ya no está
el bucardo, extinto en 2000
El quebrantahuesos, el emblema
Es el ave que todo el mundo quiere ver y una de las pocas que se deja. El quebrantahuesos tiene casi tres metros de envergadura y una costumbre que le da nombre: deja caer los huesos sobre las pedreras para romperlos y comer el tuétano.
Dónde y cuándo mirar: hacia las paredes del cañón, a media mañana, cuando empiezan a formarse las térmicas que aprovecha para planear. Se distingue del buitre leonado por la cola en forma de rombo y por el tono anaranjado del pecho.

El sarrio
El sarrio —el rebeco pirenaico— es el mamífero grande que más se ve. Ocupa las laderas altas y los canchales, y en verano sube buscando el fresco. Con un poco de atención se distinguen sus siluetas recortadas contra el cielo en las crestas del Circo de Soaso.
Estuvo al borde de la desaparición a mediados del siglo XX y hoy es abundante: es la mejor noticia de conservación que se puede contar del parque.
La marmota
La marmota alpina no es originaria del Pirineo: se introdujo a mediados del siglo XX y se adaptó muy bien a los pedregales de alta montaña. Se oye antes de verse — su silbido de alarma es inconfundible y suele ser la señal de que hay varias observando desde las rocas.
Salen a comer a primera hora de la mañana y al final de la tarde, y pasan el invierno hibernando, así que solo se ven de primavera a otoño.

Aves del bosque y del río
En el hayedo del Arazas, el primer tramo de casi todas las rutas, vive el pito negro, el pájaro carpintero más grande de Europa, que se delata por su tamborileo. También hay urogallo, aunque verlo es cuestión de mucha suerte y de no molestarlo: es una especie en serio declive.
Junto al agua se puede ver el mirlo acuático, que se sumerge en el río para buscar larvas, y en las zonas abiertas el treparriscos, que trepa por las paredes verticales como si fueran suelo.
Reptiles y anfibios: pocos pero singulares
Entre las especies adaptadas a la altitud está la lagartija pirenaica, que vive por encima de los 2.500 metros, y la víbora áspid, presente en zonas soleadas y pedregosas. Conviene saber que existe, sin alarmarse: es esquiva, no ataca si no se la molesta y los encuentros son raros en los senderos transitados.
En los arroyos y charcas de altura sobrevive el tritón pirenaico, otra de las especies que solo existen en esta cordillera.
El bucardo: la especie que Ordesa perdió
Es la historia más dura del parque y merece contarse. El bucardo, la cabra montés pirenaica, fue abundante en toda la cordillera hasta que la caza, legal y furtiva, la redujo durante los siglos XIX y XX a un puñado de ejemplares concentrados en el cañón del Arazas.
El último, una hembra llamada Celia, murió en enero del año 2000 aplastada por un árbol caído, aquí mismo, en Ordesa. Con ella se extinguió la subespecie. Se intentó clonarla: en 2003 llegó a nacer una cría, que murió a los pocos minutos. Celia está hoy naturalizada en el Centro de Visitantes de Torla-Ordesa, y verla explica el parque mejor que cualquier panel.

Dónde y cuándo mirar, especie por especie
Ver fauna no es cuestión de suerte, o no solo: es cuestión de estar en el sitio correcto a la hora correcta. Esto es lo que funciona aquí.
El quebrantahuesos. Busque en vertical, no en horizontal. Suele aparecer planeando junto a las paredes, aprovechando las corrientes que se forman cuando el sol calienta la roca. Por eso las mejores horas son de media mañana en adelante, cuando esas térmicas ya están funcionando. El fondo del valle de Ordesa y los cortados de Añisclo son buenos puestos de observación.
El sarrio. A primera hora y al atardecer, en las zonas de pasto por encima del bosque. En verano suben a buscar el fresco y se ven en cotas altas; en invierno bajan. Un detalle que ayuda: se mueven en grupo, así que si ve uno, mire alrededor.
La marmota. La más fácil de todas. Pastos con piedras sueltas por encima de los 1.800 metros, de mayo a septiembre. El resto del año hiberna, así que en invierno no la busque. Lo normal es oírla antes que verla: el silbido de alarma es inconfundible.
Aves del bosque. Primera hora de la mañana, en el hayedo-abetal, cuando cantan. Es cuando más actividad hay y cuando menos gente hay por el camino.
Qué llevar si quiere ver algo
Prismáticos. Es la diferencia entre ver “un pájaro grande” y ver un quebrantahuesos. No hacen falta unos caros: unos 8×42 corrientes cambian el día por completo.
Ropa de colores apagados y, sobre todo, silencio. La fauna detecta el movimiento y el ruido mucho antes de que usted la detecte a ella.
Paciencia y un sitio fijo. Andar sin parar es la peor estrategia. Sentarse veinte minutos en un mirador con vistas a la pared da mejores resultados que caminar tres horas mirando al frente.
Reglas que protegen a los animales y a usted
En un parque nacional esto no son recomendaciones amables, son normas.
No dar de comer, nunca. Un animal que asocia a las personas con comida pierde el miedo, se acerca a los caminos y acaba mal. Es la peor forma de “querer” a la fauna.
No salirse del sendero para acercarse a una foto. Además de estar prohibido, es la manera más rápida de que el animal abandone la zona.
Nada de drones. Para un ave rupícola un dron es un depredador, y se han documentado abandonos de nido por esa causa.
Perros, no. Dentro del parque nacional está prohibido llevarlos sueltos, y esta es la razón de fondo: la presencia de un cánido suelto altera el comportamiento de sarrios y aves nidificantes. Con correa sí se permite.
Distancia en época de cría. De primavera a principios de verano, cualquier molestia cerca de un nido o de una cría cuesta mucho más cara de lo que parece.
Dónde verlos sin entrar en el parque
Si quiere asegurar el avistamiento, o va con niños que no aguantan la espera, hay una alternativa honesta a poca distancia de casa: Lacuniacha, en Piedrafita de Jaca, un parque faunístico donde los animales viven en grandes cercados dentro de su hábitat. No es lo mismo que verlos libres —y conviene explicárselo así a los niños—, pero se ven.
Y para el quebrantahuesos concretamente, muchas veces no hace falta ir a ninguna parte: se le puede ver sobrevolando las montañas de losalrededores de Biescas.
Cómo verlos sin molestarlos
Tres reglas que multiplican las posibilidades y no cuestan nada:
- Madrugar. La actividad se concentra al amanecer y en la última hora de luz; a mediodía casi todo está a la sombra y quieto.
- Ir en silencio y parar. La mayoría de los avistamientos ocurren cuando uno se detiene cinco minutos, no mientras camina hablando.
- No salir del sendero ni acercarse. Además de estar prohibido, la distancia es lo que hace que el animal se quede.
Unos prismáticos pequeños cambian la excursión por completo. No hace falta nada más.
Nuestro consejo
Empiece por el Centro de Visitantes de Torla-Ordesa antes de subir. Media hora allí, viendo a Celia y los paneles de fauna, hace que luego uno sepa qué está mirando en las paredes en vez de ver solo roca.
Y mire hacia arriba en las paradas. La gente camina con los ojos en el sendero y la mayor parte de la fauna de Ordesa está por encima: en la pared, en la cresta o planeando. El quebrantahuesos se ve casi siempre a quien se acuerda de levantar la cabeza.
Ordesa no es solo paisaje. Es uno de los pocos sitios de Europa donde en una mañana de caminata se puede ver planear un quebrantahuesos, oír silbar a una marmota y cruzarse con un sarrio. A 30-40 minutos de Gavín. La ruta clásica está contada en la Cola de Caballo por las Gradas de Soaso, y el acceso en cómo llegar a la Pradera.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es la mejor época para ver fauna?
De mayo a septiembre para las marmotas, y primavera y otoño para las aves. El sarrio se ve todo el año, cambiando de cota según la estación.
¿A qué hora hay más posibilidades?
Primera hora de la mañana y últimas horas de la tarde. En las horas centrales, con calor y gente, la actividad baja mucho.
¿Hay osos en Ordesa?
El oso pardo tiene una población muy reducida en el Pirineo y sus zonas habituales quedan más al oeste y al este. Verlo aquí es extraordinariamente improbable.
¿Tiene una casa en el Pirineo?
Acompañamos a un número muy corto de propietarios del Valle de Tena y del Serrablo a poner su casa en valor sin perder lo que la hace suya.
¿Buscáis dónde dormir para venir a Ordesa? Está a 30-40 minutos de casa. Lo contamos sin adornos —incluido por qué a veces conviene no dormir en Torla— en casa rural cerca de Ordesa.
Casa Biescas, en Gavín
Casa Biescas está en Gavín, una entidad local menor del municipio de Biescas, en la comarca del Alto Gállego.









