Entre los valles y montañas del Pirineo Aragonés quedan puentes de piedra de la Edad Media, algunos de arquitectura románica: puentes medievales en el Pirineo Aragonés que se entremezclan perfectamente con su entorno.
Románico o medieval: una aclaración antes de ver puentes
Se suele llamar románicos a todos los puentes antiguos de piedra del Pirineo, pero los catálogos oficiales son más prudentes. Por ejemplo, el Ayuntamiento de Canfranc advierte de que el puente que lleva su nombre no es de estilo románico, «como se suele afirmar», y que sobre una base medieval se levantó la reconstrucción de 1599. Y el puente de San Miguel de Jaca figura en el catálogo de Cultura de Aragón con estilo románico, pero se fecha hacia el siglo XV y tiene un gran arco ojival, es decir, apuntado. Por eso, en esta entrada hablamos de puentes medievales, y de románicos solo cuando las fuentes lo dicen.
Tienen algo en común: muchos tienen perfil de «lomo de asno», con la calzada que sube hacia el centro y baja hacia los extremos, y llevan tajamares entre los arcos para partir la corriente del río.
Puente nuevo de Canfranc
El Ayuntamiento de Canfranc lo llama Puente de Canfranc, Puente de Abajo (Pon Nou, en aragonés), Puente del Cementerio y Puente de los Peregrinos, porque está en el Camino de Santiago. En una lápida desgastada del pretil norte se lee «Ramón me fecic» y la fecha de 1599: es el recuerdo de Ramón de Argelas, maestro cantero bearnés vecino de Isesta, en el valle de Ossau, que aceptó el 7 de julio de 1599 el encargo de reconstruir el puente, destruido por una avenida del río Aragón. Se comprometió a terminarlo en once semanas por 800 libras jaquesas.
Mide unos 35 metros, de los que 15 corresponden al único arco, y tiene un claro perfil de lomo de asno. No es románico, aunque se aprecian restos de su base medieval.

Puente de San Miguel
Está en la salida de Jaca, junto a la carretera que conduce al valle de Aísa. Cultura de Aragón lo describe como uno de los pocos puentes medievales que se conservan en el Pirineo aragonés. Mide unos 96 metros, tiene un gran arco central ojival de 17 metros de altura, con rosca de sillería, y dos arcos menores con tajamares entre ellos. Su construcción se fecha hacia el siglo XV, aunque se desconoce la fecha exacta. Lo usaron los peregrinos que seguían la ruta francesa del Camino de Santiago hacia Navarra, y se cree que debe su nombre a una ermita de San Miguel que había cerca.
Fue declarado Monumento Histórico-Artístico por decreto de 27 de septiembre de 1943, restaurado después por el arquitecto Miguel Fisac, y la declaración como Bien de Interés Cultural se completó por una orden del Gobierno de Aragón de enero de 2004. Constan obras de restauración o reedificación en 1608 y 1816.
Perarrúa y su castillo
Perarrúa está en la margen derecha del río Ésera, en la Ribagorza. Su castillo, llamado «del Mon» o «de San Clemente», es Bien de Interés Cultural y tiene documentación desde el año 1020; junto a él se levanta la ermita de San Clemente.

Puente medieval de Villanúa
Se encuentra a la entrada de la población de Villanúa, en el recorrido del Camino de Santiago aragonés. No hemos encontrado una ficha oficial que fije su fecha: las guías turísticas hablan de un «puente viejo» del siglo XII, pero sin documentación que lo respalde, así que lo damos como dato por confirmar.

Puente del diablo en Olvena
El congosto de Olvena, una profunda grieta que el río Ésera abre en la roca poco antes de unirse al Cinca, tiene dos puentes medievales, según la oficina de turismo del Somontano. El Puente del Diablo está sobre el Ésera, junto al puente moderno que da acceso al pueblo; su gran arco central descansa sobre la roca y en ambas orillas hay asientos tallados. Más arriba, en pleno congosto, está el Puente de la Sierra, más impresionante por su altura. Para llegar hay que dejar el coche en un pequeño apartadero tras un túnel largo y caminar unos cien metros. La leyenda cuenta que una joven de Olvena pactó con el diablo que le construyera el puente en una noche; el diablo se quedó sin la última piedra porque el gallo cantó antes de tiempo.

Puente de Capella, sobre el Isábena
Cultura de Aragón lo cuenta entre los puentes medievales más importantes de la Ribagorza y lo fecha entre los siglos XII y XIV. Es de sillar, de tipo lomo de asno, de notable longitud y gran altura en su ojo central: un arco de medio punto grande en el centro y tres más a cada lado, cada vez más pequeños, con tajamares entre ellos y machones de sección hexagonal. Es Bien de Interés Cultural desde un decreto de 2002, y el Gobierno de Aragón consolidó y limpió su sillería en 2004.
Puente de Anzánigo, en el Alto Gállego
Es el último de esta lista en recibir protección: se declaró Bien de Interés Cultural por el Decreto 2/2024 del Gobierno de Aragón. Salva el río Gállego a su paso por Anzánigo, tiene unos 102 metros de longitud, cinco ojos de distintos tamaños con bóvedas de medio cañón y perfil de lomo de asno, con tajamares triangulares coronados por pirámides escalonadas. Cultura de Aragón explica que el cruce pudo existir ya en época romana, que quizá quede algún resto del siglo XIII y que lo más antiguo que se ve procede, con más probabilidad, del siglo XVI. El ojo mayor se reconstruyó en 1926 y en 1931 se amplió para adaptarlo al tráfico de la era del ferrocarril. Es un buen ejemplo de un puente medieval que ha seguido en servicio.
Roda de Isábena
El puente de Roda de Isábena es de origen medieval y tiene un único arco; según fuentes secundarias, es del siglo XII y mide unos 54 metros de largo. Los datos de este puente están pendientes de contrastar con una ficha oficial.
Cómo organizar una ruta de puentes
Los de San Miguel (Jaca) y Canfranc están en el Camino de Santiago aragonés y se visitan fácilmente a pie. Capella y Olvena quedan bastante más lejos, en la Ribagorza y el Somontano: son una excursión de día aparte. Comprueba la ruta en tu navegador antes de salir.
Desde Casa Biescas estaremos encantados de ayudarte a organizar rutas y visitas culturales durante tu estancia en el Pirineo Aragonés. ¡Te esperamos!
Autor artículo: Casa Biescas
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